
Antes de que el oro fuera premio, fue ofrenda.
Antes de que el agua fuera un escenario, fue rito.
La leyenda de El Dorado no hablaba de una ciudad hecha de riquezas, sino de un acto sagrado. En los pueblos muiscas, el cuerpo entraba a la laguna como parte de un ritual de legitimación y renovación: el oro se entregaba al agua, no se acumulaba. El valor no estaba en poseer, sino en soltar.
Con el tiempo, esa historia fue malinterpretada. Donde hubo rito, otros vieron botín. Donde el agua fue sagrada, intentaron dominarla.

RITUAL EL DORADO nace para recuperar ese sentido original. Es una travesía de aguas abiertas para novatos y experimentados, donde el cuerpo se exige y el ritmo se mide. Se entra al agua con intención, se atraviesa con respeto y se emerge consagrado, transformado por el cruce.
Cada nadador asume el rol de El Dorado contemporáneo: no quien conquista la laguna, sino quien se atreve a atravesarla con conciencia.
No es solo lanzarse al agua, es sostener la brazada, asumir el silencio, el cansancio y la distanci; es recordar que el verdadero brillo no está en la superficie, sino en lo que cambia dentro de quien entra al agua.
El Dorado no desapareció. Sigue ocurriendo, cada vez que alguien se lanza.


